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Cuidando el corazón frente al Coronavirus – Sociedad Latinoamericana de Células Madres

Cuidando el corazón frente al Coronavirus

Como decía Tito Livio «el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son». Hoy me siento feliz, porque he terminado este post sobre el cuidado del corazón frente al coronavirus, con el que pretendo poner en manos de los ciudadanos una información útil, que les ayude a superar esta crisis sanitaria. Una vez más, se consolida mi vocación de escritor y hago mía la reflexión de Isaac Asimov, que decía: «escribo por la misma razón que respiro… porque si no lo hiciera, me moriría».

Desde que en enero de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia por la extensión del SARS-COV-2, mi preocupación ha estado focalizada en crear unas recomendaciones, con una visión pragmática, con la finalidad de extremar medidas eficaces en pacientes cardiacos, que se encuentran entre los grupos de riesgo.

Los pacientes con patologías coronarias son especialmente vulnerables ante una infección por coronavirus, ya que favorece la formación de trombos y puede agravar considerablemente cualquier afección cardiaca y pulmonar. La llamada “tormenta de citoquinas” es una reacción inmunológica exagerada que induce a un cuadro clínico de neumonía, con graves complicaciones bronco-pulmonares y, en esta situación crítica, los pacientes deben colocarse en decúbito-prono, es decir, “bocabajo”.

Los pacientes de edad avanzada son especialmente vulnerables al coronavirus. Por su edad, suelen estar inmunodeprimidos y polimedicados, lo que, junto a la existencia de una enfermedad crónica cardíaca, unida a otras comorbilidades (enfermedades), hace que exista más riesgo de desarrollar complicaciones a nivel pulmonar, como la típica neumonía (simple o bilateral) y, por tanto, tienen más riesgo de fallecer de distrés respiratorio.

Cuidando el corazón frente al coronavirusSegún la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada cinco segundos se produce un infarto de miocardio en el mundo. Las enfermedades cardiovasculares son una amenaza real, constante y creciente. Provocan una de cada tres muertes en el mundo. La enfermedad coronaria es la primera causa de muerte global y la quinta de morbilidad. El 80% de los infartos tienen lugar en los países en desarrollo, y el 40% de los afectados no llegan con vida al hospital. Se estima que este año morirán cerca de 20 millones de personas en el mundo por cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Nietzsche lo vio con claridad: «hay que mantener sujeto el corazón; pues cuando se suelta no se tarda en perder la cabeza».

Los pacientes que acuden a la consulta tienen 2-3 factores de riesgo cardiovascular. La hipertensión arterial (HTA), la hipercolesterolemia, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad son los más prevalentes. Sin embargo, como afirma mi querido Valentín Fuster, «los ciudadanos no se sienten vulnerables». En este sentido, la frase de Aristóteles, «saber es acordarse», hace acudir a mi memoria a William Kannel, uno de mis investigadores favoritos. A través de sus trabajos constató que un factor de riesgo cardiovascular es una característica biológica o una conducta que aumenta la probabilidad de padecer o morir por una enfermedad cardiovascular en aquellos individuos que la presentan.

LA INFECCIÓN POR CORONAVIRUS COMO FACTOR DE RIESGO CARDIOVASCULAR

El coronavirus, al igual que todas las infecciones, genera una sobrecarga del corazón. «Solo vive el que sabe», decía Baltasar Gracián. Por ello, hemos de ser conscientes de que vivimos bajo el riesgo de una pandemia por coronavirus y con la amenaza de otro tipo de infecciones víricas, en el ámbito de una globalización en la que influyen los flujos migratorios.

La infección por coronavirus favorece el riesgo de enfermedad cardiovascular, principalmente al haberse relacionado con procesos trombóticos que afectan a las arterias coronarias y con procesos tromboembólicos que afectan al parénquima pulmonar. Esta situación favorece el infarto agudo de miocardio y contribuye a desencadenar alteraciones en la conducción de los impulsos nerviosos en el corazón que provocan arritmias, como la fibrilación auricular y ventricular. También promueve la infección de los tejidos del corazón con inflamación del músculo cardíaco (miocarditis); o el pericardio, la cubierta que reviste el corazón (pericarditis), y se puede traducir en una agudización de la insuficiencia cardiaca.

Aunque aún se desconoce el mecanismo exacto, creemos que el coronavirus, al igual que otros microorganismos muestran un tropismo específico por las células de las paredes de los vasos sanguíneos (células endoteliales), lo que contribuye a la lesión vascular mediante la destrucción de las células (efecto citopático directo), la inhibición de la muerte celular programada normal de células endoteliales (apoptosis) o la inducción de respuestas autoinmunitarias focales, donde la carga viral del coronavirus juega un papel decisivo

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